SOBRE MI

Edgar García González

35 años

Zamora de Hidalgo, Michoacán

Lic. en Comunicación / Lic. en Enseñanza y Gestión del Inglés

Escribir sobre uno mismo nunca ha sido precisamente mi especialidad.

Cuando redacté la primera versión de esta página incluso sentí la necesidad de aclarar que hablar sobre mí en mi propio sitio podía parecer un poco narcisista. Han pasado varios años desde entonces y, aunque sigo sin sentirme particularmente cómodo haciéndolo, al menos ahora tengo muchas más historias que contar.

Así que podemos empezar por el principio.

PASADO

Las primeras historias que concebí nunca tuvieron la intención de ser mostradas al público. Recuerdo que usaba la maquina de escribir de mis padres para imaginar monstruos horribles y fantásticos. describir como eran, y por qué eran peligrosos.

Como muchos niños, imaginaba toda clase de escenarios asombrosos en los que mis figuras de acción se convertían en protagonistas y cosas tan sencillas como un pedazo de plastilina podían transformarse en las armas más increíbles que un niño pudiera imaginar.

Con el tiempo, algunas de aquellas historias terminaron plasmadas en pequeños diarios que eventualmente se perdieron.

Quizá fue para bien.

Dudo mucho que alguna de ellas haya sido particularmente buena, pero tampoco pueden culparme: apenas estaba descubriendo lo divertido que podía ser inventar una historia.

Después llegó internet y, con él, mi inevitable época escribiendo fanfics. Principalmente de Resident Evil, mi universo favorito. Y, modestia aparte, uno de ellos consiguió el tercer lugar en un concurso organizado por una página web.

Así que quizá algo había por ahí.

Con los años, sin embargo, escribir fue quedando de lado. No porque hubiese desaparecido el gusto por contar historias, sino por algo bastante menos dramático: estudios, responsabilidades y falta de tiempo.

Las ideas seguían apareciendo.

Algunas llegaban a convertirse en unas cuantas páginas. Otras no pasaban de existir en mi cabeza.

Entre ellas había una particularmente estrafalaria.

También era demasiado ambiciosa para mí en aquel momento. Por entonces terminar algo de veinte cuartillas ya me parecía todo un logro, así que aquella historia simplemente permaneció ahí mientras yo imaginaba personajes, acontecimientos y escenarios que no sabía todavía cómo convertir en un libro.

En 2012, durante la universidad, las cosas comenzaron a cambiar.

Entre guiones para cortometrajes, ejercicios de creatividad y proyectos académicos, volví a escribir con regularidad. Aquella vieja historia también regresó y poco a poco dejó de parecer solamente una idea imposible.

Pero todavía faltaba mucho para poder contarla.

En 2013, varios compañeros y yo desarrollamos otra pequeña historia. En aquel momento ninguno de nosotros sabía que años después terminaría convirtiéndose en mi primera publicación: La niña y la semilla.

Todavía conservo aquel primer tratamiento. Es sencillo, le falta muchísimo de lo que posteriormente tendría el libro y de vez en cuando resulta divertido regresar a él para compararlo con aquello en lo que terminó convirtiéndose.

Después de terminar la universidad y, siendo sinceros, después de una larga conversación con una chica que conocí por internet, finalmente decidí hacer algo que hasta entonces no me había atrevido a hacer: publicar.

Así apareció La niña y la semilla.

Y mientras todo aquello ocurría, la historia estrafalaria seguía creciendo.

PRESENTE

Pasaron más de ocho años desde aquellas primeras ideas hasta que finalmente pude comenzar a contar esa historia como quería.

En 2022 publiqué Cresta Carmesí.

En la antigua versión de esta misma página escribí que aquel libro era solamente «el primer paso» y que algún día continuaría aquella historia con algo llamado Tierras Ferales.

En aquel entonces estaba en la sección titulada Futuro.

Ya no.

Tierras Ferales dejó de ser aquel proyecto que llevaba años imaginando para convertirse finalmente en una obra publicada y en la continuación de un mundo que ha crecido muchísimo desde sus primeras ideas.

Porque durante todo ese proceso ocurrió algo que tampoco había previsto.

Ya no estaba construyendo solamente una historia.

Estaba construyendo un mundo. Uno llamado “Aethalya”.

Aethalya comenzó a adquirir una historia propia: regiones, conflictos, organizaciones, lugares, acontecimientos y personas que existen mucho más allá de aquello que necesariamente aparece en las páginas de un libro.

No puedo esperar a que el tiempo pase más rápido para que conozcan mucho más de esas personas que que ya existen en mi cabeza y que aun falta que se presentena través de las páginas.

Cresta Carmesí y Tierras Ferales forman parte de ese mundo, pero cada una cuenta su propia historia dentro de él.

También he podido experimentar con otras formas de llevarlas al público. Mis obras han cambiado, han aparecido nuevas ediciones y Cresta Carmesí incluso dio el salto al audiolibro.

FUTURO

Esta era la parte más sencilla de escribir en la versión anterior de esta página.

Podía decir que Tierras Ferales llegaría «próximamente» y dejar que mi yo del futuro resolviera el problema.

Ahora me toca ser ese tipo.

Y he descubierto que el futuro sigue siendo exactamente igual de incierto.

Tengo historias que quiero continuar, otras que todavía están tomando forma y algunas que llevan años esperando su turno. Algunas pertenecen a mundos que ya conocen quienes han leído mis libros. Otras quizá nos lleven a lugares completamente diferentes.

No sé cuáles de todas esas ideas terminarán convirtiéndose en libros dentro de cinco, diez o veinte años.

Pero algo sí ha cambiado desde que escribí aquella primera versión de esta página.

Antes me preguntaba si sería capaz de contar aquella historia estrafalaria que llevaba tantos años imaginando.

Ahora sé que puedo hacerlo.

Así que mientras sigan existiendo historias que pidan a gritos salir de mi cabeza, pienso seguir intentando darles un lugar fuera de ella.

Espero que disfruten leyéndolas tanto como yo disfruto escribiéndolas.

— Edgar García